La sensación de sentirse observado nos disuade del quebrantamiento del orden jurídico, la sensación de vigilancia nos trae la incertidumbre de ser descubiertos en el caso de que se intente quebrantar el orden jurídico; la vigilancia como hemos dicho es parte de la protección que como Estado debe brindarse la población.
La vigilancia de la población es parte de la prevalencia que en el Estado Moderno se quiere dar al imperio de la ley; no obstante debemos preguntarnos si en realidad se logra la superioridad de la ley por encima de otro tipo de ordenamientos; la supremacía legal hoy en día ya no se haya en el sistema jurídico propiamente sino en otras manifestaciones del Derecho tales como la jurisprudencia o la interpretación doctrinaria que se de de los textos jurídicos; siendo muchas veces común el hecho de que se contrarie el texto de la propia ley; el imperio de la ley se manifiesta entonces no como la superioridad de un ordenamiento jurídico sino de la legalidad en si misma, es decir en confiar en el Estado como ente resolutor de las controversias.
El imperio de la ley implica entre otras cosas un símbolo, es decir la ley no presenta un esquema de protección real, pero si simboliza una invención humana que es capaz de disuadir al infractor en unión con la idea de vigilancia. La función del Estado como vigilante es completa no solo si se vigila a los otros sino al Estado mismo a cuestionarse si esta cumpliendo su tarea, y en consecuencia evitando que no se creen nuevas leyes que permitan a la población observar y crear la sensación de vigilancia sobre sí mismo, es decir se debe vigilar a la población y al Estado mismo en el cumplimiento respectivo de sus tareas.
La vigilancia de la población es parte de la prevalencia que en el Estado Moderno se quiere dar al imperio de la ley; no obstante debemos preguntarnos si en realidad se logra la superioridad de la ley por encima de otro tipo de ordenamientos; la supremacía legal hoy en día ya no se haya en el sistema jurídico propiamente sino en otras manifestaciones del Derecho tales como la jurisprudencia o la interpretación doctrinaria que se de de los textos jurídicos; siendo muchas veces común el hecho de que se contrarie el texto de la propia ley; el imperio de la ley se manifiesta entonces no como la superioridad de un ordenamiento jurídico sino de la legalidad en si misma, es decir en confiar en el Estado como ente resolutor de las controversias.
El imperio de la ley implica entre otras cosas un símbolo, es decir la ley no presenta un esquema de protección real, pero si simboliza una invención humana que es capaz de disuadir al infractor en unión con la idea de vigilancia. La función del Estado como vigilante es completa no solo si se vigila a los otros sino al Estado mismo a cuestionarse si esta cumpliendo su tarea, y en consecuencia evitando que no se creen nuevas leyes que permitan a la población observar y crear la sensación de vigilancia sobre sí mismo, es decir se debe vigilar a la población y al Estado mismo en el cumplimiento respectivo de sus tareas.
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